sábado, 15 de octubre de 2016

DOBLE O NADA


DOBLE O NADA

(LECTURA PARA ADULTOS)

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Sus miradas se cruzaron tres o cuatro veces, lo suficiente como para poder comprobar que de entre toda la multitud que ocupaba ese nuevo local de ocio, de ellos dos manaba una extraña atracción, como si de dos imanes se tratase.

Los focos cambiaban constantemente de luz, y las bolas de espejo que colgaban por todas partes en la sala, lo hacían conferir un aire ochentero a pesar de ser un local completamente nuevo.

Él, no mucho más de 35 años, vestido con traje de marca y buenos zapatos, alto, quizás uno ochenta y dos, a lo mejor un poco más, de cabello pardo, y unos ojos de un color verde oscuro que pudieran parecer castaños, casi como su pelo, permanecía con la espalda apoyada en una de las columnas de acero, y tan solo desviaba su mirada de la de ella cuando se arrimaba el vaso a la boca para dar un pequeño sorbo a su bebida.

Ella, cercana a los 40, con un marcada identidad y forma de vestir que la hacía parecer más joven, pero al mismo tiempo dejaba claro que quería mantener el control. Vestía un traje de chaqueta y falda, cuya medida apenas traspasaba la mitad de su muslo, lo cual la hacía permanecer con las piernas cruzadas pues de lo contrario podría dejar entrever algo más de lo deseado.  También lucía unas altas sandalias de tacón que resultaban realmente insinuantes, no llevaba medias, no la hacían falta. Su larga melena morena, estaba recogida en un moño que se sujetaba gracias a un serio pincho oriental que lo atravesaba de lado a lado. Seguramente era una de tantos y tantas trabajadores que desempeñaban sus labores en los bufetes de los aledaños.

Siempre atrevida decidió dar el primer paso, se levantó lentamente del taburete, dejando que la imaginación de él comenzará a volar, e igual de pausada se acercó hasta el tipo que no le quitaba ojo.

Cuando le tuvo lo suficientemente cerca le soltó al oído -¿Tan solo sabes mirar?, ¿o tienes otras habilidades?
No esperó respuesta, simplemente, se dio la vuelta y comenzó a andar hacia el interior del local. La siguió, tenía que descubrir si esa pregunta era un reto, o solo una manera de librarse de una mirada incomoda…
Caminaba entre la gente que prácticamente se apartaban a su paso. Él la seguía todo la rápido que podía, tropezando con aquellos que se daban la vuelta para observarla.  
Anduvo hasta llegar al pasillo de los lavabos, giró la cabeza ligeramente, insinuándose, y buscando con su mirada la del tipo bien vestido. La encontró rápido…

Esa era una señal, pensó, y continuó tras de ella creyendo que pronto iban a acabar los dos en los lavabos, pero no fue así, ella continuó caminando por el pasillo hasta llegar a la puerta de salida de emergencia del local, se volvió hacia él con una sonrisa en la boca, y desapareció tras la puerta.
No dudó, tenía que ser suya, rápidamente alcanzó la puerta y salió hasta la parte trasera del local, un pequeño callejón repleto de cajas de bebida vacías alumbrado por una triste farola.

Comenzó a buscar con la mirada hasta que pudo ver el punto de luz de una pequeña brasa casi escondido tras una pila de cajas, se acercó para comprobar que era la mujer  fumando un cigarro del cual aspiraba prolongadas caladas, para posteriormente expulsar el humo de manera insinuante en dirección a su cara.
Se acercó hasta ella, y le arrebató el cigarro que dejó caer en el suelo mientras con la otra mano la atraía hacia si mismo. Ella, inicialmente se dejó hacer, pero pronto se liberó de él y lentamente se agacho quedando en cuclillas. Su mano comenzó a aflojar el cinturón y a desabrochar su pantalón, que dejó que se deslizara entre sus piernas. Llevó su mano hacia el pene que ahora lucía erecto, y comenzó a rodearlo con sus labios.

Con cada movimiento de ella, una pequeña ráfaga de excitación recorría su cuerpo, y poco a poco notaba como esta iba creciendo.
Con los años, había adquirido cierta destreza y experiencia, y cuando notó unas pequeñas contracciones en el pene decidió parar. No, aún no podía correrse. Él se encontraba sumamente excitado y deseaba que continuase, pero ella se levantó justo en el mismo momento en que la puerta se volvía a abrir…

-Querida, sabes que no me gusta que me excluyas- el tipo que aparecía por sorpresa en el callejón, debía de tener cerca de 50 años, pero su apariencia era la de una persona saludable, uno de esos ricos cuya única dedicación en su vida es amasar dinero, cuidar su cuerpo, y follarse a todo lo que le viene en gana.

-Te estaba esperando- lo dijo casi susurrando. Su mirada era lasciva, y era tanto el calor que emanaba de su cuerpo que podía decirse que la temperatura había subido tres o cuatro grados de golpe en esa miserable calleja. Miró al joven, que aún estaba alucinando con lo sucedido, pero cuyo pene aún se mantenía rígido –Tú eliges, ¿Doble o nada?- le interpeló la mujer morena

Sin apenas pensarlo, la agarró fuertemente dándola la vuelta, y apoyando su cuerpo en un pequeño contenedor la penetró con vigor…

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Gracias José A. B. Díaz por esta genial pintura

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Kino Barquilla-Octubre 2016- © Derechos registrados


4 comentarios:

  1. Se entiende que el joven estaba dispuesto también a recibir... ¿o me equivoco?
    Un final bastante diferente. Me gusta.
    Saludos.

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    1. Hola María josé, tú decides, un trío supongo que da para mucho.. cada uno es libre de elegir lo que su imaginación le dicta.
      Saludos y muchas gracias por leer!!

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  2. Lo dicho, en plena forma. Excelente humor negro-erótico-festivo. Genial!

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    1. Muchas gracias David, todo un honor viniendo de tí, que escribes maravillas. He empezado tu libro ya. En cuanto lo acabe te comentaré, pero seguro que es una pasada..

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